Riachuelos de lluvia con sol

30 diciembre, 2011

Escenarios / Arrojas poesía al Sur, en Los Pibes, organización social y política de La Boca. 22 de diciembre de 2011

 

Por Luc Pierrot

 

El día más largo del año cerró su telón de nubes y veló la claridad del estío-hastío antes del atardecer. El alerta meteorológico amenazaba con piedras cenitales, una vez más, desde las voces alarmistas que profesan el pánico. Precisamente diez años después de aquella tempestad social y política, de aquellas piedras que movieron los cimientos de un modelo destinado al anegamiento. Pero la tormenta infló el buche y aguantó un poco. Y una nueva cosecha de poesía se aprestó; la que trazó el último cuadrante del ciclo 2011. Arrojas Poesía al Sur cerró el año con su versión veraniega en el espacio Los Pibes, organización social y política que realiza un importante trabajo barrial desde hace más de quince años a escasos metros de la Boca del Riachuelo.

La ambientación del espacio, una instalación a cargo de Alejandra Fenochio, invitaba al relax de las imaginarias playas de ese Riachuelo cercano, entre reposeras, sombrillas, frutas, libros y flores que rebalsaron el espectro cromático de un arco iris al que la tormenta todavía no le daba pista. En otro costado del salón, la muestra Salven a las Sirenas, de Jacqueline Tagger, visibilizaba la problemática de la contaminación en el riacho boquense. Y más allá, entre la wiphala que rememoraba el Qapaq Raimi incaico, la gran Fiesta del Sol, y a pesar de las nubes, una estructura de hierro de Carlo Pelella simbolizaba el solsticio del verano. La obra de estos tres anfitriones estaba enmarcada por los murales de otro artista del barrio, Omar Gasparini, los cuales pregnan de una mayor identidad boquense a Los Pibes.

Marta Sacco y Zulma Ducca, organizadoras del ciclo, abrieron el encuentro. La primera leyó un fragmento de la novela Océano mar de Alessandro Baricco. Luego presentaron el primer bloque de lectura en las voces de La Boca y Barracas: Carlos Macagno y Hernán Scorofiz, que coordinan el taller de escritura El Oasis del servicio 17 del Hospital Borda, junto a Ramón Córdoba, uno de los talleristas; la poeta y actriz Marianela Riera, vecina de La Boca que leyó fragmentos acuáticos de su libro Al borde de la noche; y Ricardo Piña, de la cooperativa editorial Eloísa Cartonera, con extractos de un libro de viajes de Diana Bellessi. Mientras tanto, Romina Incarbone oficiaba de clown repartiendo coloridos refrescos a los y las poetas.

Un breve intervalo dio lugar para unas empanadas elaboradas por el Área de Política Alimentaria de Los Pibes, sede del ciclo itinerante en esta ocasión, y espacio donde también funciona la Radio Popular FM Riachuelo. Además, se habilitó el mercadito de libros de Eloísa y Curandera, postales, remeras serigrafiadas y revistas Tokonoma, Ricardito y Al oído.

A su turno, el llamador avisó el inicio de la función de kamishibai, teatro de papel de origen japonés a cargo de Diego Maxi Posadas y María Eva Blotta. La atención se concentró sobre ese mini-escenario de madera por el que se deslizan las imágenes pintadas en papel, arte callejero que nació en el primer cuarto de siglo XX, antes del bombardeo televisivo y atómico. La historia narraba el leve revoloteo de un panadero en su viaje de desprendimiento, mientras la brisa que entraba por las ventanas anunciaba la lluvia incontenible.

En el siguiente bloque, la poeta Claudia Masin leyó el prólogo de su libro de poemas El verano, con una cadencia pausada como el sudor que extrajo retazos de una memoria chaqueña de lapacho, calor de sol terrenal y silencio. Entre el público, el clima redundaba: la saliva se espesó como mercurio y la piel se cubrió de rocío salado. Afuera, la batuta de la orquesta de agua comenzaba a repiquetear el atril. A continuación, Masin invitó al escenario a tres poetas con quienes comparte un espacio de compromiso con la poesía y la política. Fernando Caniza, con No hay tiempo de más, imaginó un apocalipsis versificado en una ventriloquia de canal de noticias; Miguel Martínez Naón leyó un poema en homenaje a “El Nariz”, militante desaparecido por la última dictadura, mientras la tormenta tronaba y la lluvia se desataba en una respuesta rabiosa de la historia; y Julia Magistratti seleccionó una serie de poemas de su libro El hueso de la sombra, donde la infancia vuelve para ser huella del presente que revuelve pasado, sombra en el hueso. Por último, Claudia Masin leyó Resistencia, poema dedicado a su ciudad natal y a la acción que significa y resquebraja el molde de la palabra toponímica.

Para cerrar, Zulma Ducca, en voz y guitarra, y María Laura Boscariol, en acordeón y coros, terminaron de darle cuerpo litoraleño al ciclo con El cosechero, de Ramón Ayala, y Esa musiquita, de Teresa Parodi. Apenas quedó tiempo para un breve micrófono abierto en el que Facundo Ruiz, participante en el primer encuentro, recitó poemas viejos y nuevos; y el dúo Valero-Beccaría tocó unos temas norteños dedicados al Ekeko, dios de la abundancia.

El ciclo estacional Arrojas Poesía al Sur, que tomó su nombre del poeta popular de Barracas Jorge Arrojas (1938-2010), comenzó con el otoño y cerró el año con una cosecha suculenta de poesía. A la salida, sobre la calle Suárez y bajo la lluvia estival, un nuevo y pequeño riacho pluvial con lecho de adoquines discurría y sedimentaba las semillas poéticas que germinarán el año que viene. Y así, entre riachuelos correntosos, y como todo ciclo, Arrojas Poesía al Sur reverdecerá una vez más.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: