El cantor de la montaña

5 julio, 2012

Por dmp

El quinto volumen de la serie  “El cantor de la montaña” eleva el cancionero del portorriqueño Florencio Morales Ramos -Ramito- a su más alta cumbre, si se permite la obvia metáfora. El disco arranca con un aguinaldo cuyo título (Desde mi tumba) preludia el tono visceral y melodramático que el resto de las piezas desplegarán de principio a fin: “Dejaré un recuerdo en esta canción / en dedicación a lo que yo pierdo / Si el silencio muerdo marchando a otra parte / sin un estandarte Ramos quedará / y al morir vendrá mi espiritu a hablarte. (…) Dirás que has soñado y vas a engañarte / voy a comprobarte que no muere el alma / ya vendrá en la calma mi espíritu a hablarte.”
 Y no está mintiendo. Su voz de jíbaro sentimental resucitará en los parlantes de quien haga sonar su música en busca de un consejo rimado para un corazón roto o a poco de romperse. Sus primeras décimas las aprendió a los seis años con su hermana Isabel. A los ocho años ya entrenaba su estilo entonando cuartetas bíblicas y rosarios en las “promesas” que se celebraban en su barrio. Cuando lo fueron a buscar Roque Muñiz y el licenciado Reguero para cantar por primera vez en la Plaza de Caguas, su padre se mostró receloso: “Mi hijo no va, porque cantando gana el cura. No puede ir.” El muchacho recibió un chequesito por aquella actividad y su papá cambió para siempre de parecer. Años más tarde, siendo un joven “pinche” que se ganaba sus pesos, Ramito improvisaría sus décimas picantes y cadenas ante los trabajadores en un alto de sus labores. Fue cortador de caña, carcelero y bombero. Tras recorrer por años, junto a otros trovadores y cuatristas, las emisoras radiales de su patria y del extranjero, consiguió un contrato con la casa disquera Ansonia Records que editó toda su discografía. Esta vida es una escuela para el que quiere aprender, sentencia en el bolero El dinero no es la vida, segunda pista de este disco que reune algunos de los variados estilos de la música de Puerto Rico monte adentro; plenas, boleros, mariandas, guarachas jíbaras, seis chorroaos, aguinaldos y controversias. Una biblia de pasiones campesinas que se dejan bailar.

 

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