Orgy in Rhythm, Flabbergasted Vibes, Oro

5 octubre, 2012

Bagoso, el cordial anfitrión de Orgy in Rhythm, es artista de circo, pasa su tiempo entre payasos, malabaristas tragafuego, chimpancés y mujeres barbudas. Su espíritu libertino lo ha llevado a coleccionar y compartir una gran cantidad de música descatalogada. Sutil orgía de ritmos que desborda la Red en este sitio, tan público y tan secreto. Bajar, por ejemplo, House on Elm Street del Harold Johnson Sexteto, jazz con un toque latino de la costa oeste yanqui, o la inconseguible banda sonora de una película funky de 1974, puro suspenso fantástico. Avant jazz japonés, como el del trío de Masarau Imada, o las jams calientes de Mantequilla y su conjunto.

Flabbergast es el decano de Flabbergasted Vibes (algo así como vibraciones estupefactas) una verdadera academia negra en la que resuena toda la expandida África. Textos bien escritos, algunas anécdotas y mucha y buena información. El LP Harlem River Drive es expuesto para dar cuenta que Eddi y Charlie Palmieri fueron los primeros en fusionar ritmos -y músicos- latinos y negros. También se puede sentir como la melancolía toma nuevas dimensiones con la versión instrumental de “Lamento boricano” en Saia Vermelha de Poly e seu conjunto, o descargar un disco doble de Nara Leao, musa de la bossa nova. Generosa psicodelia tropicalista y funk brasilero. Gemas del Trio Mocoto, Jorge Ben, y del héroe nordestino Jackson Do Pandeiro.

En el subsuelo de toda academia negra suenan los tambores del vudú. “Oro es un dios vudú. Oro representa a los espíritus de los muertos. Oro es invisible. Oro es un vudú musical”, dice el perfil de, no hace falta aclararlo, Oro, el hechicero en jefe de este blog. Muñecos con los ojos atravesados por alfileres nos recuerdan el respeto que debemos a los espíritus de los muertos que habitan este sótano de la web. Discos de toda África concentran un poder pocas veces tan bien documentado: Benin, Camerún, Burkina Faso, Congo, Costa de Marfil, Sierra Leona, Togo, y más. Si no está acá, no es África. Eso sí, sean agradecidos, no sea cosa que la maldición del vudú los deje sordos.

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