waail

Por Nicolás Grandi (desde La India)

Estoy transitando unas tierras lejanas y áridas, en donde el polvo de esta tierra clara, finita y abundante me envuelve entre el calor y la ventisca constante. Pakistán está a unos pocos kilómetros, y acceder a esta parte de India no es lo más sencillo. El agua es poca pero se ha aprendido a vivir con su escasez. En medio de los pastizales y los árboles chaparritos, espinosos y de hojas pequeñitas aparece algún que otro rebaño de bueyes o de camellos. Muchos llevan campanas en sus cuellos, y el rebaño se transforma en una masa musical que avanza.  Detrás vienen uno o dos pastores, usando una típica camisola larga color púrpura penetrante, y una especie de turbante multicolor en la cabeza. Tan vivo es ese color en medio de la palidez de esta región que ando transitando. La región se llamaBanni, un extenso llano que tiene una variedad de más de cuarenta pastos para el consumo tanto de animales como de humanos, y es la antesala a la gran salina por donde pasa la frontera. Y sí, caigo en un hechizo feroz, en un profundo enamoramiento quizás porque se me ha abierto la posibilidad de coexistir con otro tiempo y es que me siento tanto en el mundo contemporáneo moviéndome en una camioneta de blanco inmaculado, como en un escenario ancestral, habitado por comunidades nómadas y seminómadas. Megwales, rabaris,ahires y jats entre ellas. La camioneta se llena de una costra de marrón pálido, y para mi alivio deja de ser tan inmaculada.

En medio del interminable llano, un grito me captura. Lo oigo como si se tratase de un sable que lacera algo de mí. No sabría como explicarlo, pero es un grito al que se le suma otro y entre ellos se van alternando variando entre tonos bien agudos y bien graves. Son dos pastores y su tío, ya viejo, que viven con su familia en el Banni. Sumar KaduJat y Mitha Khan Jat me reciben en su casa circular de adobe. Su familia forma parte de una pequeña comunidad dedicada al pastoreo y ellos son los que llevan esta ancestral forma de canto, el Waee (pronunc. /wii/). Según me dicen, son los últimos que continúan esta tradición, no hay otro cantor Waee en India más que ellos. Está en peligro de extinción. Pero al parecer sigue cantándose en Pakistán, el problema es que ellos no pueden cruzar la frontera. Para cualquier indio como para cualquier pakistaní, cruzar el borde es casi imposible. Desde 1947 tras la independencia de India y la sangrienta partición del estado de Pakistán siguieron años de enemistad, crueldad, un par de guerras y disputas fronterizas aún vigentes. Esta tierra tiene heridas difíciles de sanar. Kadu y MithaKhan me cuentan que parte de su familia quedó en el otro lado de la frontera, y que sólo se vieron una vez. Cuentan también que alguna vez les mandaron un VHS, y cuando lograron verlo, aparecióen la televisión su familia de Pakistán que al igual que ellos, cantaban el Waee. Alguna que otra lágrima cayó de sus ojos.

Les pregunto de que se trataba el grito que estuve escuchando y que me llevó hasta ellos. MithaKhan me dice que lo disculpe, que él no es un estudiado, que hay otra gente que me puede explicar. Sólo me dice que cantan el Waee de Shah Abdul Latif, y que su poesía y su melodía sólo unos pocos pueden apreciar. Sus ojos parecen penetrarme cuando continúa diciendo que Latif es como una espada, que puede penetrar bien profundo y a no todos les gusta que algo se les meta de esa manera. Puedo asegurar que así es. Con mi ser lacerado y a la vez embriagado y enamorado continúo con mi pelo seco, duro y parado, y mi piel ya agrietada. El polvo, el calor, el desierto… ellos andan haciendo su trabajo.

Me encuentro con algunos sufis y faquires. Ellos parecen ser los estudiados que develan algo del misterio del Waee. Me cuentan que estas tierras antes eran parte de Sindh que se extendía por gran parte de lo que ahora son Pakistán e India. Zona de riquezas y cultura sublime. De técnicas artesanales ancestrales como el impreso textil Ajrak, hecho a mano con bloques de madera. De joyas de plata y piedras preciosas. Y sobre todo de poetas, músicos y sabios que aún reverberan en las voces de muchos. Shah Abdul Latif fue uno de ellos, poeta místico sufí que vivió alredor del 1700.

Su poesía está inspirada en las siete leyendas de amor que vienen transitando el sudeste asiático desde hace centurias. Éstas son leyendas trágicas, y cuentan la historia de mujeres que en busca de su ser amado terminan muriendo. Se repiten oralmente en diferentes áreas y van variando de acuerdo a los contextos políticos, religiosos o sociales. Si hay algo apasionante en estos pagos es esa necesidad de contar historias, y a la vez la presencia de millares de oyentes ansiosos de recibirlas. También hay que avispar un poco su recepción y no quedarse solo con una lectura tan directa de ellas. Sabiendo sus contextos y mutaciones, uno debe perforarlas, como si se tratase del sable de Latif. Mujeres aguerridas y fuertes en sus convicciones que luchan por su ser amado. Mujeres que también representan al alma del hombre en busca de su bienamado. La divina presencia, Dios o como los sufíes lo nombran: Ishq -amor, puro amor embriagante, elixir de existencia que hace a uno comulgar en éxtasis. Y es esta tragedia del hombre en la búsqueda extensiva de Ishqla que retratan estas leyendas, porque un enamorado sin su bienamado sólo puede estar a la deriva en el océano de la vida.

Me resuena el Waee que escuché con Kadu y Mitha Khan. Los estudiosos que me encontré me dicen que se trata de la leyenda de Sohini y Mehar:

Cuenta la leyenda que durante el reinado de Shah Jahan a las orillas de un río de Sindh, vivía un alfarero llamado Tulla. Tenía una hermosa hija, Sohini, que se dedicaba a decorar con diseños florales los jarrones de su padre. IzzatBaig, mercader de Uzbekistán, viajaba frecuentemente a estas tierras. Al verla a Sohini cayó en un embrujo de amor. Izzat gastó todas sus riquezas comprando cada uno de los jarrones que Sohini pintó, quedando en la bancarrota. Fue entonces que decidió pedirle trabajo al alfarero Tulla y así comenzó a cuidar el ganado de la familia. Por eso su nombre cambió de Izzat a Mehar, que quiere decir pastor.

Sohini se enamoró perdidamente de Mehar, pero cayó en desdicha al enterarse que sus padres arreglaron en secreto que se casara con otro alfarero llamado Dam. Meharabandonó su trabajo y cruzó el ríopara vivir como un fakir (hermitaño), prometiendo cruzar el río todas la noches para encontrarse con su enamorada. Sohini no se dejó acongojar, se las arregló para ir todas las noches a la orilla del río donde Mehar la esperaba. Hasta que un día Mehar se accidentó y no pudo nadar más. Sohini entonces decidió cruzar y encontrarse con Mehar en su lugar. Como no sabía nadar, tomó una gran vasija de barro, y usándola como bote cruzaba todas las noches el río volviendo antes del amanecer. Fue mala su fortuna, la cuñada de Sohinidescubrió a Sohini cruzando el río y dónde escondía la vasija. Al día siguiente, con la venganza en nombre de su hermano en su temple reemplazó la vasija de barro por una que no estaba cocida. Y esa noche cuando Sohini estaba cruzando, el agua comenzó a desintegrar la vasija. Al llegar al medio del río todo el barro se había disuelto en el agua. Sohini se ahogó. Mehar, testigo de la tragedia entró en desesperación y saltó al río. Se ahogó en el mismo lugar.

La trasgresión es una actitud constante en estas leyendas, en donde hace falta romper condicionamientos para “cruzar la orilla”. Pero también esta leyenda nos muestra un fracaso, el de Sohini, por obedecer el mandato de volver al amanecer. ¿Por qué no se queda con su ser amado? ¿Por qué tambalea entre ambas orillas? Tal vez nos refleje nuestra falta de incondicionalidad, de entrega plena. Y esto en un doble plano: en el carnal y en el espiritual. De ahí la belleza múltiple de estos relatos.

La historia de Sohini y Mehar no es muy diferente, salvo por el final trágico, a la historia del mismo Latif. Hijo de un renombrado poeta folklórico, igual que en la leyenda se enamoró de una chica y la familia de ella no permitió que se casaran. Con gran congoja decidió irse de la ciudad, y comenzó una vida de errante.

En estos andares por el desierto de Sindh conoció a varios  yogis, derviches y fakires que lo introdujeron a las enseñanzas místicas de diferentes tradiciones. Latif venía del Islam, que poseía un dogma muy fuerte y que sólo se promulgaba en el idioma persa. Gracias a este deambular de pueblo en pueblo, entrar en contacto con la gente común y a las nuevas enseñanzas que le compartían los yogis experimentó que Ishq no pertenecía sólo al camino de Alá, sino que había tantos senderos por los que uno podía embriagarse de este amor loco que le hacía dirigirse a su bienamado cantando, cantando y cantando. Decidió cantar entonces en el idioma del pueblo, sindhi, y a usar las leyendas folklóricas de amor que era lo que la gente compartía.

En la poesía sufí es común el uso del imaginario romántico del amor conyugal para representar la unión de Dios o lo divino con el hombre. Puede ser interpretado como una metáfora común para entender de qué se trata la vida espiritual. Pero también Latif se convirtió en un poeta del pueblo gozando de total libertad, sin seguir ningún dogma ni ninguna autoridad religiosa (como buen sufí) sólo bastaba una completa e incondicional entrega al bienamado. Es por eso que encontramos a Latiftrasvestirse en la poesía, él toma la voz de la heroína trágica peleando por su ser amado.

Así fue como Latifdio forma al Waee como poesía y como estilo musical. Waee quiere decir gemido de separación que sale tanto de la búsqueda del bienamado sensual como del bienamado espiritual.

Otros estudiados que han podido desarmar meticulosamente la obra de Latif comparten conmigo que su poesía está compilada en lo que se conoce como Rísalo. Que él al terminar de escribir todo, dio una última leída y por considerar que no se acercaba ni un poquito al su verdadera experiencia de Ishqy por tener miedo a ser malinterpretado decidió tirar todo al río. Sus seguidores, sabiendo del tesoro que se estaba perdiendo,  decidieron compilar su obra apelando a su memoria. Y así el Rísalo tomó forma organizándose en capítulosen donde cada uno de ellos corresponde a una raga[1]. Estos capítulos contienen episodios que se dividen en bayts y waees.

Los Bayts son composiciones de 2 ó 4 versos que se cantan en un estilo libre, sin ningún beat pero con un acompañamiento armónico que lo da el dhumbaro. El Waee en cambio es más largo y se lo canta sobre un beat que se produce también con el dhumbaro. Éste es un instrumento también inventado por Latif, parecido a la tambura pero tiene una cuerda más y además de tener otra afinación se lo toca de manera muy distinta. El dhamburo sirve para dar el tono, como acompañamiento armónico y para brindar cierto elemento rítmico a una forma musical en donde el vehículo preponderante es la voz. Es importante considerar esto para apreciar estos cantos porque la musicalidad y el ritmo se basa en la cadencia de las palabras y su significado y no en el sonido melódico.

En una composición regular se cantan 3 ó 4 baytsde dos maneras distintas: 1. Sanhoon- una voz grave y 2. Graham- una voz aguda (falsete). Luego sigue elwaee, a un ciclo rítmico de 8 beats donde un cantor recita un verso y otro responde.

Sé que este andar no termina. Se me ha prendido como un abrojo, bien adentro, y me despierta temporalidades ancestrales guardadas en algún sector de la memoria. Sé que Latif me clava su sable, y me dan ganas de compartirlo para que otros puedan tener un saborcito incipiente o el comienzo de una embriaguez de amor loco. Y así irreverentemente, como me suele gustar, traduzco un fragmento. Sepan disculpar la imperfección, es que traductor no soy, y además el original en sindhi no lo entiendo. Pero desde inglés, que es la versión que puedo leer, me largo con este intento en verso libre de uno de los bayts de la historia de Sohini y Mehar:

Aquellas

 que pueden dar un vistazo

abandonan sus casas

sus maridos

Incluso

sin vasijas de barro

en el remolino

giran

Ella salta

elegir aguas calmas

es camino para impostores

los que aman

aceptan el río tormentoso.

Gracias inconmensurables a ShabnamVirmani que me introdujo lentamente los universos de Latif, y otros poetas místicos y los fabulosos cantores folklóricos de India y Pakistán. Y también a NamrataKartikpor su generosidad compartiendo sus investigaciones.

Para escuchar una explicación sobre Latif y escuchar a los primos Khan cantando waee:

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=0bA18u992fw

página recomendada:

http://www.kabirproject.org/

waee y música folklórica de India:

http://www.dekulture.com/genre.aspx?id=29


[1] La raga es un sistema de escalas musicales que se usa mayoritariamente en la música clásica India. Pero tiene su raíz en expresiones folklóricas. Lo más importante de la raga es cómo las notas están puestas en relación con las otras y qué atmósfera crean, más que la nota en sí. Se pueden encontrar ragas más adecuadas para la mañana, para la tarde, para antes que salga el sol, etc.