El té lisérgico de las cinco

28 diciembre, 2013

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Por Martín Carmona*

Nicolás Domínguez Bedini me cuenta: Fernando Lamas, Hernán Balzarotti, Jerónimo Escajal e Ignacio Fila se juntaban a tocar desde hace años, algunos sábados por la tarde. No hacían canciones, improvisaban libremente sin cantante.
En un momento de estos años, Nicolás –oriundo de Muñiz- se pone de novio con Vikini Amarillo, una divina diseñadora gráfica de zona Sur que se dedica a hacer ropa y a quién conoció en una lectura en Turdera… “Y de repente llegan de sus paraderos invisibles los parloteadotes grajos del otoño…” Estamos hablando del arranque de un poema de Maria Wine, la esposa de Arthur Lundkvist, uno de los grandes poetas suecos de todos los tiempos, integrante a su vez del comité de Premio Nobel, del que dicen truncó la obtención del mismo a Jorge Luis Borges por un viejo malentendido que no viene al caso. Después de eso, entonces, Nicolás entró como un trueno resignificando voces acalladas… Escucho a PAAR y se me aparecen los The Blue Aeroplanes y el An American Prayer de los Doors. Oh ¡Insignificantes paralelismos ramplones! No importa, estamos acá en pleno “Símbolo de Fósforo”, 4 de junio de 2013, 20hs, la hora demencial y suicida por excelencia que llega a su máximo potencial los días domingos. Pero hoy es martes. Me encuentro con mi amigo en un bar de Avenida Corrientes casi 9 de Julio, él traía entre sus manos, el master del disco que mandaría al día siguiente a prensar, para que lo escuche en exclusiva y en el bar que habíamos quedado, estaban filmando una película. No era cualquier bar, era el último reducto de los pinchetos, muchas blancas luces de neón, que milagrosamente siguen en pie. El director de la película es otro amigo mío, Luis Ortega. Me prendo de extra rociando la barra con espuma de cerveza. Éxtasis total, el mismo que me lleva a escuchar “Hans Magnus Enzenberger y El iceberg” de PAAR, una y otra vez. Le sigue “La granja es una mentira (retazos de The fall of America, Allen Ginsberg)” y acá la sátira de Ginsberg sobre la contracultura hasta en las aguas de los baños de las universidades infiltradas por la CIA –un método reincidente que daría eficaces resultados de control hasta nuestros días. Sin embargo, PAAR parece estar inmune de los resortes del pasado que manipula con novedad e insolencia. Estamos hablando de una sabrosa fusión de música y palabras, ni Spoken Word ni frío Experimentalismo.
Tengo la cabeza bañada de cerveza e inevitablemente no puedo dejar de recordar la enunciación del Teorema de Thales y de su Recíproco, Nocturno de Mileto, se titula el track que los contiene. Literalmente esa frase: “Pasajes evocadores de los muertos o pensamientos lacónicos de Paul Valéry nos llaman la atención”, no parece un título kilométrico y sin embargo, lo es. Trata sobre los encantos y encantamientos de Válery, entre otras cosas, por las zonas muertas, pidiendo otras nuevas formas.
“Van dando vueltas en la noche y son devorados por el fuego”, dice Guy Debord, y le creemos.
Este sorpresivo debut discográfico cierra con Mármol de Carrara o metales, un deleite total. Este año decidí tomar el té a las 5 muchas tardes en El Gato Negro. PAAR me va a acompañar en sus elegantes mesas, esa es una bendita certeza, lo cual no es poco. ¡Gracias!

*Martín Carmona es cineasta. Realizó los largometrajes Reducción (1996),
La Juntidad Espeluznante (2000) y La Energía Directamente (2011).

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2 comentarios to “El té lisérgico de las cinco”

  1. ¡Muchas gracias querido Martín Carmona y querida Revista Al Oído (para escuchar:) por este sorprendente té lisérgico de las cinco! Muchas felicidades, larga vida paar ambos y grandes saludos extensivos!
    Nicolás

  2. Carla said

    Leo a Carmona (viejo desconocido texto de 2013). Hace unos días, también yo escuché una y otra y otra vez “Hans Magnus Enzenberger y El iceberg”. Y todas las demás. “…ni Spoken Word ni frío Experimentalismo”. Pero ahora leo este post y sé que no puedo esperar nada, ni siquiera escuchar como quien ve (que al fin y al cabo podría ser esa la gracia), si no me viene -eso, la nada que quiero esperar- de aquellos mismos tubos de neón. Los mismos. Así que escucho y no escucho del todo (hasta que sea posible) este disco de la ciudad antropofágica, la de toda nuestra fortuna, que pone en vinagre los pepinillos hasta mejor momento. O que nos los da en la boca.
    Escúchenlo, ustedes que tienen sus neones donde es debido.

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