Guau / Una experiencia de educación acústica experimental en escuelas públicas, a cargo del artista y cineasta Fernando Boto, que pide pista desde estas páginas para aterrizar en otros barrios.

Trazando el mapa del ruido  (que hacemos)

Cuando salgo de casa, reconozco la parrilla de la esquina por la conversación de los mozos y la pizzería de la vuelta, por el murmullo. Cuando recuerdo el kiosco de enfrente resuena la risa peruana, y si pienso en el súper chino, el pop taiwanés alarma mis oídos. Cada cuadra tiene una personalidad sonora, ¿la manzana de mi casa suena igual a la tuya? El proyecto educativo Postales So­noras, capitaneado por Fernando Boto, propone cartografiar el entorno sonante de los barrios porteños. Alumnos de 6° y 7° grado de la Escuela 24, del barrio de Versalles en la Ciudad de Buenos Aires, fueron los primeros embarcados en esta aventura que pone en práctica una premisa optimista: saber escuchar cambia la percepción de la realidad. Dice Fernando: “Básicamente salimos a grabar sonidos, los chicos después los editaron y armaron con los sonidos del barrio pequeñas obritas de un minuto. El proyecto tiene dos ejes, por un lado, la concientización sobre ecología acústica y la contaminación sonora y, por otro lado, el eje creativo. Luego de grabar los sonidos del barrio, los chicos elaboran un discurso más abstracto que la mera captura. El resultado es algo parecido a la música concreta.”

Algunos de los resultados del trabajo se pueden visitar en un blog, junto a joyas visuales como las partituras, guiones o mapas que los chicos, de entre 10 y 14 años, crearon como guía para la mezcla de sonidos. “Una alcantarilla en una calle poco transitada, mezclada con algunos sonidos de pasos y una obra en construcción. Con tres o cuatro soni­dos elegidos por los chicos se construyó cada postal. Algunos trabajos son más documentales, a otros les dan una vuelta más poética.”

Proyectos como este se están extendiendo por el mundo. No requieren una gran producción de la escuela, con un grabador portátil, una computadora y un programa de acceso abierto como el Audacity, el Sound Forge o el Wavelab, se puede trabajar muy bien. “En una cultura como la nuestra, basada en la imagen, hablar de sonido es bastante complejo, pero los chicos están muy abiertos a este tipo de propuestas”, dice el artista, y nos convence.

Podés ver más acá.

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