Expreso rítmico

6 diciembre, 2013

Una página dedicada exclusivamente a la gráfica de discos cubanos de los 60, 70 y 80. Joyas visuales que envasan músicas que suenan con tanta gracia y color como el que se desparrama en las portadas.

http://www.expresoritmico.com/

La información nos llegó desde la luz de un blog llamado Música del alma, con un gusto refinado por las especias caribeñas. Allí se encontrarán con un estimulante compilado que incluye piezas bailables del mejor funk de la isla: Grupo Irakere, Los Chikichaka, Juan Pablo Torres, entre otros. Para escuchar, solo hagan clic aquí, y a disfrutar.

Hasta las playas, siempre!

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Violeta_Parra-El_Folklore_De_Chile_Volumen_Iii_La_Cueca_Presentada_Por_Violeta_Parr-Frontal

Esto no es un disco, es un manojo de flores cordilleranas. Una antología de cuecas bellas y breves como copihues rojos, recién florecidos en las montañas de Chile, bajo la atenta mirada de Violeta Parra.

La grabación se inicia con Violeta confiándonos lo aprendido de la Filomena Yeverez y la Celia Yeverez, tejedoras y cantoras de Quirihue. Que hay cuatro tipos de cuecas, la cueca corta y común que conocemos todos, la cueca valseada, la cueca larga voluntaria y la cueca larga obligatoria, que también lleva otro nombre: cueca del balance.

“Dice Doña Celia que la cueca del balance se baila cuando nadie se decide a comenzar la fiesta. La cantora toma la iniciativa, hace un verdadero balance de todas las personas que están, y después de la tercera parte empieza a nombrar a todos los presentes. Nombra primero a un hombre, enseguida nombra a una mujer, y todos van saliendo a bailar por obligación, quieran o no quieran, y así el baile es un hermoso tejido de gente que se para, que se incorpora al baile.”

Por fin alguien subió a Grooveshark “La cueca presentada por Violeta Parra”, maravilla que hoy les compartimos.

http://grooveshark.com/#!/album/El+Folklore+De+Chile+Vol+III+La+Cueca/4296024

Hechiceras acapella

8 octubre, 2013

Presente. Regalo. De todas las rebeldías que el duo de raperas de Seattle THEESatisfaction lleva amorosamente a cabo nos quedamos con este gesto mañanero: un presente, un regalo, un disco breve. “And That’s Your Time”, fechado en 8 de octubre de 2013 (hoy) nos llega como un correo amigo. Abrimos, oímos, y nos dejamos abismar. Desde la cima de una prolífica cosecha de canciones, discos y mixtapes estas “emperatrices del tiempo”, como ellas mismas se autodefinen, retoman un diálogo sensual con su propio cuerpo sonoro. Para escuchar el disco:

http://theesatisfaction.bandcamp.com/album/and-thats-your-time

andthatsyourtime

Hechiceras acapella:

Moonchild en Argentina

18 junio, 2013

Por Mariano Pedrosa

Mike Patton se agazapa, se balancea, se reconcentra como si fuese una bestia dispuesta a saltar sobre su víctima. Es un remolino que va captando la energía de su entorno. Y cuando se desata el grito, es como el rayo: fulminante. Aun cuando se lo ha visto crecer, aun cuando se lo ha escuchado en videos, aun cuando se lo espera; el grito sorprende como un vértigo que estalla en los oídos.

La voz de Mike Patton se transforma en grito y después en alarido. En el extremo logra tal magnitud que parece una tormenta. Y en algún momento, tras esa determinación atronadora, vuelve a mutar. Esta última vez se multiplica en voces que, como hidras de mil cabezas, susurran, aúllan, chillan desbocadas. En este territorio mítico, imagino que sólo Diamanda Galas es capaz de reclamar parte de su corona.

Eso que sucede en el escenario parece estar más allá de lo humano. Nadie -de la multitud enfervorecida que colma los diferentes niveles del teatro- se extrañaría si el propio Patton explotara. Ahí mismo, sobre el escenario.

Sólo para no dejar a nadie afuera, hay que mencionar que el desempeño del bajista Trevor Dunn está a la atura de este show demencial. Acordes como lava hirviente demarcan un camino de fuego por el que Patton camina descalzo, y a los gritos, claro. Joey Baron con su batería suma una inesperada descarga de energía. Con la potencia y ritmo de un minero demente lanza puñados de dinamita que revientan en pedazos todos los show que uno ha visto antes. El cuarto integrante en escena, es John Medeski, construye catedrales con sonidos. Los inusuales fragores del órgano parecen delicados vitraux que ayudan a la creación del clima, mitad santo mitad diabólico, de los templarios.

John Zorn para este Templars, in Sacred Blood, ha creado diferentes ambientes, a veces el susurro en latín otras veces en inglés logran una suerte de plegaria atemporal. Tras esos momentos se esconde la verdadera naturaleza del fanatismo religioso y como si te lanzaran una aplanadora de varias toneladas por la cabeza se desata el rock más salvaje del que tenga recuerdo esta tierra. Otro grupo de John Zorn, Masada, incursiona en la fusión entre jazz, klezmer y música experimental para erigir un mundo completamente diferente a este. Sin embargo, ambos nos sirven para pensar en diferentes caras de la experiencia humana de lo numinoso. El “mysterium tremendum” del que hablaba Rudolph Otto, proyectando la verdadera naturaleza de dios en el hombre.

En una esquina del escenario, sentado, abstraído en la contemplación de su creación, John Zorn se mueve tímidamente. Recién al final del show muestra su verdadero rol en todo esto. El titiritero magistral se para en el centro del grupo y dirige dos improvisaciones que dan vida a un Golem bestial pero saludable. La magia del secreto rabino de Manhattan se muestra intacta. Nosotros, ciegos seguidores de la experiencia, devotos del misterio, aplaudimos.

Moonchild en Argentina from aloido on Vimeo.

Para los que nos perdimos el  concierto en Buenos Aires de Television,  pero no nos perderemos la presentación de “Médanos de oro”, la primera novela de Nicolás Dominguez Bedini -que aguarda edición para la segunda mitad de este año, va un fragmento del capítulo 6 , convidado por el mismísimo autor.

 

(…)  Salí a caminar, confiando en mis reservas poéticas más que nunca. Porque sin temor a quedar como redundante y lánguido charlatán, machaco y machaco con el tema de la confianza, porque yo confío en todos los libros leídos y en todos los libros que iré a leer a lo largo de mi existencia en este planeta. O sea que confío en el poder curativo de las palabras, a pesar de que algunas palabras provoquen daños irreparables. También confío en la música, pero cada vez menos, quizás porque la música está en todas partes y me cuesta perderme como antaño, cuando escuchaba, concentrado, discos enteros con el cuarto a oscuras, y sólo veía una sombra reflejada en la pared, mi sombra, en el momento de dar vuelta el lado A del disco para pasar al lado B.

Adventure, el disco de Television, fue el último disco que escuché de esa manera. Su guitarrista Thomas Miller, más conocido como Tom Verlaine, canta Viajar te llena pero la distancia te mata en la canción Ain´t that nothing, y por cierto, creo que así es, viajar te llena pero la distancia te mata. Esa frase de la canción de Television es una de mis frases preferidas relacionadas con los viajes. Otra -no es una frase sino una imagen- es la de Jackie Kennedy, antes de morir, pidiendo que la llevaran a dar un último paseo alrededor del Central Park.
 La solitaria noche de Médanos me llevaba a ese tipo de evocaciones e invocaciones pero no detuve la marcha, seguí caminando y caminando con la fehaciente certeza de que aún no había llegado mi hora y que, felizmente, no estaba ante la última caminata de mi vida; entonces la asignatura pendiente de conocer Nueva York, podía llegar a convertirse en realidad un día de éstos.

Fragmento de Médanos de oro, primera novela de Nicolás Domínguez Bedini (que editará Editorial Bajo La Luna durante el segundo semestre de este año.:)

Texto y entrevista: Juanjo Santillán / Signos calados por Santiago De Paoli

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Jean-Jacques Lemêtre traslada una particular sabiduría del sonido. Es el músico, luthier –creó dos mil ochocientos instrumentos– y chef del Théâtre du Soleil, laboratorio teatral parisino que junto al Odin Teatret, de Dinamarca, son los de mayor vigencia y prestigio a nivel mundial. Cada uno de estos grupos ronda los cincuenta años de trabajo en continuo.

Más allá de las resonancias de la música en el teatro según las tradiciones orientales (Noh, Kabuki, Kathakali, entre otras disciplinas), en los orígenes y formación de Jean-Jacques Lemêtre hubo un maestro indiscutido: Moondog. “Era alguien grandote, más que yo, que vivía en la 5ta Avenida de Nueva York con un casco galo y una lanza -recuerda Lemêtre- Él hacía sus propios trajes porque se creía la reencarnación del guerrero galo Verringétorix. Moondog fue un mendigo celeste, que a los doce años quedó ciego porque una carga de dinamita le explotó en la mano. Fue el último discípulo de Toscanini, la última persona que vio a Charlie Parker antes de su muerte y además uno de los inventores de la música repetitiva americana. Él me dio las ganas de hacer música, no un instrumento, sino la música en sí. Me dio ganas de vivir con la música que era una mezcla con lo universal. En los sesenta hubo muchos músicos que fueron a la India para aprender otra forma de vida. De hecho, Moondog me enseñó todo eso a través de su música y no tuve necesidad de hacer siete mil kilómetros hasta la India. Es alguien a quien muchos músicos conocen pero que siempre se quedó en las sombras, como todos los muy grandes músicos”.

Con Ariane Mnouchkine, la directora del Théâtre Soleil, Lemêtre es una pieza clave en cada creación del grupo francés. El músico trabaja desde cero en las improvisaciones colectivas o individuales con los actores. Para ellos, según las características de la propuesta, inventa los instrumentos; incluso, afina cada uno acorde a la voz del actor con el que trabaja. “Cada espectáculo lo hacemos entre 300 y 600 veces -dice- y los timbres están tan adheridos a los personajes que para la siguiente creación no puedo tocar el mismo instrumento.” Y agrega una definición vectora de su labor: “La música en el teatro no es clima, ni acompañamiento, es el segundo pulmón del actor”.

Resulta imponente verlo en el marco de un espectáculo porque está todo el tiempo en escena, ejecutando múltiples instrumentos para cada situación. Y si hay un intervalo, es él quien sirve, junto con los actores, la comida para los espectadores. Así pasó en Los efímeros, obra que duró cerca de ocho horas y estuvo hace unos años en Buenos Aires. Y también en la reciente Los náufragos de la loca esperanza, espectáculo sobre una troupe comandada por un cineasta socialista que naufraga en Cabo de Hornos antes del comienzo de la primera guerra mundial.

¿Es cierto que cuando llegaste al Soleil, en 1976, no tenías ninguna idea del teatro?

Sí, nunca había trabajo en nada teatral. En realidad, llegué al Soleil para enseñarles a los actores a tocar instrumentos para la obra Mephisto. Ellos eran 35 y a cada uno le enseñe a ejecutar un instrumento diferente. Después, me pidieron que les enseñe a tocar música que se escuchaba durante la llegada al poder del nazismo, es decir 1933 y 1934: Cabaret berlinés, música clásica y judía, música nazi, música comunista. Además, esa época fue el principio del blues.

La música en el teatro oriental tiene una fuerte tradición ¿Cómo asimilaste, desde tu trabajo en el Soleil, esa referencia?

Tuve que redescubrir qué es la música de teatro. En el período romántico encontré sólo música para ballet y ópera. Fui más atrás con la Commedia dell´ Arte donde había personajes con intrumentos, pero no se decía nada específico de la música en el teatro. Entonces retrocedí más: Shakespeare. En su época había canciones con partituras. El problema que encontré con esto fue que, según lo que pedía el texto, se paraba la acción para incorporar una canción. Cuando terminaba, seguía el teatro. Es decir, estaba todo separado. Fui a la Edad Media, donde existieron concursos entre los músicos, pero no sabemos demasiado qué era ni cómo se vinculaba al teatro. Y antes, los griegos antiguos: hay libros escritos y se encontraron ciento veinte fragmentos de esculturas con restos de partituras. Hay rasgos generales, suposiciones, pero no un rastro certero de esa práctica. Finalmente, viajé hacia extremo Oriente, Asia, para ver qué sucedía. Si vas a Bali ó a toda la Indonesia, India, Japón o China entendés realmente el valor de la música en el teatro. De todos modos, debía encontrar el significado de la música para nuestro grupo y evitar, como escucho hace tiempo, “la música de cine” puesta en el teatro. O sino “la música” puesta en el teatro donde, si un director quiere que alguien toque el saxo, en general, se hace venir al músico hacia el final del ensayo para que vea y proponga algo. Incluso, hay directores que te dicen (silba la Marsellesa), “bueno quiero algo así en este momento.” A lo cual yo respondo, “bueno, ok, acá está el disco”. Para el Soleil tuvimos que reinventar las referencias de oriente. Mira, yo soy medio gitano y medio Bretón, así que no tengo problema de pasar de Oriente a Occidente. Además, soy ambidiestro total.

¿Qué innovaste en Los náufragos de la loca esperanza”?

Incorporé, por primera vez, a otros compositores, como Wagner y Shostakovich, ya que el tema del espectáculo es el principio del cine mudo y ellos acompañaron a las primeras películas. Lo sonoro lo trabajamos desde el tambor que avisaba que comenzaba la función, hasta la textura del sonido de los pianos que tenían las hijas de los burgueses; o las pequeñas orquestas bizarras que tocaban con celo, piano y una serpiente. Esa fue también la música que sonaba en las primeras salas. Pero la primera música del cine mudo es el sonido del grupo electrógeno que alimentaba las máquinas que hacían posible la proyección. Nos concentramos mucho en eso. Para el espectador de esa época era increíble ver gente que se movía con ese ruido de fondo. Los náufragos… se basa en un relato de Julio Verne y es una obra que cuenta gran parte de la historia Argentina. Es una pena que no la pudimos traer aquí, a Buenos Aires.

 

Publicado en la revista Al oído 2

Habemus Perry!

2 marzo, 2013

Habemus Perry

Así en el Cielo como en la Hierba, el candidato de la revista Al oído,

waail

Por Nicolás Grandi (desde La India)

Estoy transitando unas tierras lejanas y áridas, en donde el polvo de esta tierra clara, finita y abundante me envuelve entre el calor y la ventisca constante. Pakistán está a unos pocos kilómetros, y acceder a esta parte de India no es lo más sencillo. El agua es poca pero se ha aprendido a vivir con su escasez. En medio de los pastizales y los árboles chaparritos, espinosos y de hojas pequeñitas aparece algún que otro rebaño de bueyes o de camellos. Muchos llevan campanas en sus cuellos, y el rebaño se transforma en una masa musical que avanza.  Detrás vienen uno o dos pastores, usando una típica camisola larga color púrpura penetrante, y una especie de turbante multicolor en la cabeza. Tan vivo es ese color en medio de la palidez de esta región que ando transitando. La región se llamaBanni, un extenso llano que tiene una variedad de más de cuarenta pastos para el consumo tanto de animales como de humanos, y es la antesala a la gran salina por donde pasa la frontera. Y sí, caigo en un hechizo feroz, en un profundo enamoramiento quizás porque se me ha abierto la posibilidad de coexistir con otro tiempo y es que me siento tanto en el mundo contemporáneo moviéndome en una camioneta de blanco inmaculado, como en un escenario ancestral, habitado por comunidades nómadas y seminómadas. Megwales, rabaris,ahires y jats entre ellas. La camioneta se llena de una costra de marrón pálido, y para mi alivio deja de ser tan inmaculada.

En medio del interminable llano, un grito me captura. Lo oigo como si se tratase de un sable que lacera algo de mí. No sabría como explicarlo, pero es un grito al que se le suma otro y entre ellos se van alternando variando entre tonos bien agudos y bien graves. Son dos pastores y su tío, ya viejo, que viven con su familia en el Banni. Sumar KaduJat y Mitha Khan Jat me reciben en su casa circular de adobe. Su familia forma parte de una pequeña comunidad dedicada al pastoreo y ellos son los que llevan esta ancestral forma de canto, el Waee (pronunc. /wii/). Según me dicen, son los últimos que continúan esta tradición, no hay otro cantor Waee en India más que ellos. Está en peligro de extinción. Pero al parecer sigue cantándose en Pakistán, el problema es que ellos no pueden cruzar la frontera. Para cualquier indio como para cualquier pakistaní, cruzar el borde es casi imposible. Desde 1947 tras la independencia de India y la sangrienta partición del estado de Pakistán siguieron años de enemistad, crueldad, un par de guerras y disputas fronterizas aún vigentes. Esta tierra tiene heridas difíciles de sanar. Kadu y MithaKhan me cuentan que parte de su familia quedó en el otro lado de la frontera, y que sólo se vieron una vez. Cuentan también que alguna vez les mandaron un VHS, y cuando lograron verlo, aparecióen la televisión su familia de Pakistán que al igual que ellos, cantaban el Waee. Alguna que otra lágrima cayó de sus ojos.

Les pregunto de que se trataba el grito que estuve escuchando y que me llevó hasta ellos. MithaKhan me dice que lo disculpe, que él no es un estudiado, que hay otra gente que me puede explicar. Sólo me dice que cantan el Waee de Shah Abdul Latif, y que su poesía y su melodía sólo unos pocos pueden apreciar. Sus ojos parecen penetrarme cuando continúa diciendo que Latif es como una espada, que puede penetrar bien profundo y a no todos les gusta que algo se les meta de esa manera. Puedo asegurar que así es. Con mi ser lacerado y a la vez embriagado y enamorado continúo con mi pelo seco, duro y parado, y mi piel ya agrietada. El polvo, el calor, el desierto… ellos andan haciendo su trabajo.

Me encuentro con algunos sufis y faquires. Ellos parecen ser los estudiados que develan algo del misterio del Waee. Me cuentan que estas tierras antes eran parte de Sindh que se extendía por gran parte de lo que ahora son Pakistán e India. Zona de riquezas y cultura sublime. De técnicas artesanales ancestrales como el impreso textil Ajrak, hecho a mano con bloques de madera. De joyas de plata y piedras preciosas. Y sobre todo de poetas, músicos y sabios que aún reverberan en las voces de muchos. Shah Abdul Latif fue uno de ellos, poeta místico sufí que vivió alredor del 1700.

Su poesía está inspirada en las siete leyendas de amor que vienen transitando el sudeste asiático desde hace centurias. Éstas son leyendas trágicas, y cuentan la historia de mujeres que en busca de su ser amado terminan muriendo. Se repiten oralmente en diferentes áreas y van variando de acuerdo a los contextos políticos, religiosos o sociales. Si hay algo apasionante en estos pagos es esa necesidad de contar historias, y a la vez la presencia de millares de oyentes ansiosos de recibirlas. También hay que avispar un poco su recepción y no quedarse solo con una lectura tan directa de ellas. Sabiendo sus contextos y mutaciones, uno debe perforarlas, como si se tratase del sable de Latif. Mujeres aguerridas y fuertes en sus convicciones que luchan por su ser amado. Mujeres que también representan al alma del hombre en busca de su bienamado. La divina presencia, Dios o como los sufíes lo nombran: Ishq -amor, puro amor embriagante, elixir de existencia que hace a uno comulgar en éxtasis. Y es esta tragedia del hombre en la búsqueda extensiva de Ishqla que retratan estas leyendas, porque un enamorado sin su bienamado sólo puede estar a la deriva en el océano de la vida.

Me resuena el Waee que escuché con Kadu y Mitha Khan. Los estudiosos que me encontré me dicen que se trata de la leyenda de Sohini y Mehar:

Cuenta la leyenda que durante el reinado de Shah Jahan a las orillas de un río de Sindh, vivía un alfarero llamado Tulla. Tenía una hermosa hija, Sohini, que se dedicaba a decorar con diseños florales los jarrones de su padre. IzzatBaig, mercader de Uzbekistán, viajaba frecuentemente a estas tierras. Al verla a Sohini cayó en un embrujo de amor. Izzat gastó todas sus riquezas comprando cada uno de los jarrones que Sohini pintó, quedando en la bancarrota. Fue entonces que decidió pedirle trabajo al alfarero Tulla y así comenzó a cuidar el ganado de la familia. Por eso su nombre cambió de Izzat a Mehar, que quiere decir pastor.

Sohini se enamoró perdidamente de Mehar, pero cayó en desdicha al enterarse que sus padres arreglaron en secreto que se casara con otro alfarero llamado Dam. Meharabandonó su trabajo y cruzó el ríopara vivir como un fakir (hermitaño), prometiendo cruzar el río todas la noches para encontrarse con su enamorada. Sohini no se dejó acongojar, se las arregló para ir todas las noches a la orilla del río donde Mehar la esperaba. Hasta que un día Mehar se accidentó y no pudo nadar más. Sohini entonces decidió cruzar y encontrarse con Mehar en su lugar. Como no sabía nadar, tomó una gran vasija de barro, y usándola como bote cruzaba todas las noches el río volviendo antes del amanecer. Fue mala su fortuna, la cuñada de Sohinidescubrió a Sohini cruzando el río y dónde escondía la vasija. Al día siguiente, con la venganza en nombre de su hermano en su temple reemplazó la vasija de barro por una que no estaba cocida. Y esa noche cuando Sohini estaba cruzando, el agua comenzó a desintegrar la vasija. Al llegar al medio del río todo el barro se había disuelto en el agua. Sohini se ahogó. Mehar, testigo de la tragedia entró en desesperación y saltó al río. Se ahogó en el mismo lugar.

La trasgresión es una actitud constante en estas leyendas, en donde hace falta romper condicionamientos para “cruzar la orilla”. Pero también esta leyenda nos muestra un fracaso, el de Sohini, por obedecer el mandato de volver al amanecer. ¿Por qué no se queda con su ser amado? ¿Por qué tambalea entre ambas orillas? Tal vez nos refleje nuestra falta de incondicionalidad, de entrega plena. Y esto en un doble plano: en el carnal y en el espiritual. De ahí la belleza múltiple de estos relatos.

La historia de Sohini y Mehar no es muy diferente, salvo por el final trágico, a la historia del mismo Latif. Hijo de un renombrado poeta folklórico, igual que en la leyenda se enamoró de una chica y la familia de ella no permitió que se casaran. Con gran congoja decidió irse de la ciudad, y comenzó una vida de errante.

En estos andares por el desierto de Sindh conoció a varios  yogis, derviches y fakires que lo introdujeron a las enseñanzas místicas de diferentes tradiciones. Latif venía del Islam, que poseía un dogma muy fuerte y que sólo se promulgaba en el idioma persa. Gracias a este deambular de pueblo en pueblo, entrar en contacto con la gente común y a las nuevas enseñanzas que le compartían los yogis experimentó que Ishq no pertenecía sólo al camino de Alá, sino que había tantos senderos por los que uno podía embriagarse de este amor loco que le hacía dirigirse a su bienamado cantando, cantando y cantando. Decidió cantar entonces en el idioma del pueblo, sindhi, y a usar las leyendas folklóricas de amor que era lo que la gente compartía.

En la poesía sufí es común el uso del imaginario romántico del amor conyugal para representar la unión de Dios o lo divino con el hombre. Puede ser interpretado como una metáfora común para entender de qué se trata la vida espiritual. Pero también Latif se convirtió en un poeta del pueblo gozando de total libertad, sin seguir ningún dogma ni ninguna autoridad religiosa (como buen sufí) sólo bastaba una completa e incondicional entrega al bienamado. Es por eso que encontramos a Latiftrasvestirse en la poesía, él toma la voz de la heroína trágica peleando por su ser amado.

Así fue como Latifdio forma al Waee como poesía y como estilo musical. Waee quiere decir gemido de separación que sale tanto de la búsqueda del bienamado sensual como del bienamado espiritual.

Otros estudiados que han podido desarmar meticulosamente la obra de Latif comparten conmigo que su poesía está compilada en lo que se conoce como Rísalo. Que él al terminar de escribir todo, dio una última leída y por considerar que no se acercaba ni un poquito al su verdadera experiencia de Ishqy por tener miedo a ser malinterpretado decidió tirar todo al río. Sus seguidores, sabiendo del tesoro que se estaba perdiendo,  decidieron compilar su obra apelando a su memoria. Y así el Rísalo tomó forma organizándose en capítulosen donde cada uno de ellos corresponde a una raga[1]. Estos capítulos contienen episodios que se dividen en bayts y waees.

Los Bayts son composiciones de 2 ó 4 versos que se cantan en un estilo libre, sin ningún beat pero con un acompañamiento armónico que lo da el dhumbaro. El Waee en cambio es más largo y se lo canta sobre un beat que se produce también con el dhumbaro. Éste es un instrumento también inventado por Latif, parecido a la tambura pero tiene una cuerda más y además de tener otra afinación se lo toca de manera muy distinta. El dhamburo sirve para dar el tono, como acompañamiento armónico y para brindar cierto elemento rítmico a una forma musical en donde el vehículo preponderante es la voz. Es importante considerar esto para apreciar estos cantos porque la musicalidad y el ritmo se basa en la cadencia de las palabras y su significado y no en el sonido melódico.

En una composición regular se cantan 3 ó 4 baytsde dos maneras distintas: 1. Sanhoon- una voz grave y 2. Graham- una voz aguda (falsete). Luego sigue elwaee, a un ciclo rítmico de 8 beats donde un cantor recita un verso y otro responde.

Sé que este andar no termina. Se me ha prendido como un abrojo, bien adentro, y me despierta temporalidades ancestrales guardadas en algún sector de la memoria. Sé que Latif me clava su sable, y me dan ganas de compartirlo para que otros puedan tener un saborcito incipiente o el comienzo de una embriaguez de amor loco. Y así irreverentemente, como me suele gustar, traduzco un fragmento. Sepan disculpar la imperfección, es que traductor no soy, y además el original en sindhi no lo entiendo. Pero desde inglés, que es la versión que puedo leer, me largo con este intento en verso libre de uno de los bayts de la historia de Sohini y Mehar:

Aquellas

 que pueden dar un vistazo

abandonan sus casas

sus maridos

Incluso

sin vasijas de barro

en el remolino

giran

Ella salta

elegir aguas calmas

es camino para impostores

los que aman

aceptan el río tormentoso.

Gracias inconmensurables a ShabnamVirmani que me introdujo lentamente los universos de Latif, y otros poetas místicos y los fabulosos cantores folklóricos de India y Pakistán. Y también a NamrataKartikpor su generosidad compartiendo sus investigaciones.

Para escuchar una explicación sobre Latif y escuchar a los primos Khan cantando waee:

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=0bA18u992fw

página recomendada:

http://www.kabirproject.org/

waee y música folklórica de India:

http://www.dekulture.com/genre.aspx?id=29


[1] La raga es un sistema de escalas musicales que se usa mayoritariamente en la música clásica India. Pero tiene su raíz en expresiones folklóricas. Lo más importante de la raga es cómo las notas están puestas en relación con las otras y qué atmósfera crean, más que la nota en sí. Se pueden encontrar ragas más adecuadas para la mañana, para la tarde, para antes que salga el sol, etc.

Gorsy Edú escucha la selva

30 octubre, 2012

Por Gabriel Tosar

Escucha la selva, dijo mi abuelo. Con la atención con que ella te escucha.
Parecía entusiasmado.
Ah, los pájaros nos acompañan. Eso ayuda pero también puede ponernos en peligro.
Se distrajo un instante. Y los animales con dientes, pregunté.
Los animales si no respetan una cosa, respetan otra. Pero lo que todos, todos, respetan es el ritmo.
Este tambor, tocó mi pecho, es tu primer tambor. Lleva y trae pasado y futuro. Tam tam.
Se rio un poco pero no supe de qué. Me asusté un poco pero no supe por qué.
Cuando lleguemos a la choza de hojas, te mostraré el silencio, práctico el silencio, vas a ver.
También otros instrumentos. Cada cual con su carácter.

Empecé a notar que aquello iba en serio.
En días intensos aprenderás a tocarlos. Así me pasó a mí cuando vine por acá con mi abuelo, viejito él … Respiró hondo.
Pero mejor que lo sepas ahora, tú serás el percusionista de la aldea.
Más y más espesura. Pero mi abuelo seguía adelante como si hubiera sendero.
Sin que nadie nos moleste salvo el hambre o la sed, te enseñaré lo que ya sabes.
Y habrás entendido lo más difícil.

Dicho eso nos detuvimos. Mi abuelo dormitó sobre troncos caídos.
Hasta que, irguiéndose de un salto y tomándome de un brazo, reanudamos la marcha.
¿Oscurecía?
Apuramos el paso. Mi abuelo solo agregó algo, si mal no recuerdo:
Cuando el sonido se acerca no hay tiempo que perder.

a Teo

“El que tiene un abuelo tiene un tesoro”
El percusionista

En su unipersonal, Gorsy Edú cuenta cómo su abuelo le transmitió el arte del sonido.
Lo hace con los recursos rítmicos y participativos del teatro de Guinea Ecuatorial,
cuya función es entretener, formar e informar. En la lengua oficial del país: español.

Manzana de las Luces, viernes 16 y 23 de noviembre de 2012

/ Ilustración: Julia Masvernat y dmp

Escenarios / Los libros caen como naipes en el piso, la mochila se aliviana. Una pequeña tropa de futuros oyentes observa al tarotista preparando su menú, entre susurros. Libros en el piso “como monstruos molidos por los esfuerzos de un cansancio”, que Nicolás Dominguez Bedini, poeta, dj, perfomer, hilará con su voz. ¿Un titiretero de palabras?
Abrigado por la guitarra con pedales de Fernado Lamas y el bajo de Hernán Balzarotti (formación reducida de PAAR para la ocasión), Nicolás sube y baja versos, los enlaza en el aire, azarosamente. Y en ese montaje el sonido se edifica como una pequeña gran oda a los sueños que invoca caballos descarnados, golosinas pasadas, pesadillas, los lamentos de un mendigo de wasabi (“oh verde kriptonita, no nos abandones”) en el barrio chino, la revolución de un puñado de abejas en una panaderia.

Fue el miércoles 10 de octubre, en Naranja Verde (Av. Santa Fe 1284, CABA, Buenos Aires, Argentina), durante la inauguración de la muestra de fotos del proyecto “También Dormimos”. Registro Audiovisual: Mauro Balzarotti

Para ir agendando: PAAR tocará la noche de viernes 26 de octubre en Zona Sur, más precisamente en el bar El Carguero de la localidad de Burzaco …